El elenco de Juan José Paso regresa a la actividad oficial y buscará ser protagonista. Para eso sumó un arquero de experiencia y con pasado en el ascenso.

Se trata de Rodrigo «Popi» Benítez. El golero de 40 años viene de atajar en Everton la Liga Amateur Platense.

Con una trayectoria que lo llevó por Villa San Carlos, Gimnasia, y distintos clubes del ascenso.

En Coreanos  de Lobos fue clave en el torneo Federal C, donde marcó un gol de cabeza en cuartos de final y clave por la via de los penales en la final.

También supo atajar en Sacachispas, Midland y ADIP de la liga platense.

POPI EN PRIMERA PERSONA Y UNA GRAN HISTORIA DE VIDA DE RESILIENCIA

(fmtresciudades) Benítez reconoció que su etapa más difícil la atravesó en pleno recorrido deportivo. Durante su estadía en la Villa “estaba la problemática de las adicciones, que la voy a tener por el resto de la vida y que no la tengo que despertar. En el club me cuidaron porque estaban al tanto de la situación. Fue el click que me hizo pedir ayuda”.

Su recuperación estuvo acompañada de la comunidad Darse Cuenta, a la que define como una “segunda casa”. “Es un tratamiento duro, complicado, pero con profesionales espectaculares. Ahí entendés, sanás y aprendés un montón de cosas. Hoy sigo yendo a los grupos; no soy un ejemplo, pero sí puedo decir que se puede salir adelante”, expresó.

La aceptación de su identidad

En un ambiente tan marcado por los prejuicios como el fútbol, Benítez también habló de su condición sexual. “Cuando uno se acepta, sabe cómo es y lo que quiere en la vida. Si hoy me dicen ‘puto de mierda’, me chupa un huevo”, afirmó con crudeza.

Hace 22 años que está en pareja con Sergio, con quien compartió más de la mitad de su vida. “Con idas y venidas, yo careteando un montón de cosas, demostrando algo que no era, muchas veces por el qué dirán. Pero hoy puedo decir que estoy orgulloso de lo que soy”.

El deportista también resaltó la importancia de sus padres durante su recuperación: “Los viejos son los viejos. Tanto a ellos como a mí el proceso que viví nos cambió un montón de cosas. Mi mamá no faltó nunca a las visitas de los sábados mientras yo estaba en tratamiento. Eso no se olvida más.”

“Aprendí a darle valor a un montón de cosas que antes no veía”, agregó, destacando la fuerza de los lazos familiares en su proceso de sanación.